- Dificultad emocional para aceptar el término de las operaciones, deseo de seguir trabajando.
- Melancolía, depresión.
- Inquietud, disgusto o aburrimiento ante el trabajo rutinario.
- Sentimientos de extrañamiento por el trabajo en el desastre.
- Sentimientos de extrañamiento por la familia.
- Sentimientos de cólera o frustración.
- Necesidad de hablar, contar y repetir las vivencias del desastre.
- Conflicto con los compañeros que no participaron en las operaciones del desastre.
- Conflicto con la familia, esta puede estar enojada por su ausencia prolongada.
viernes, 1 de noviembre de 2013
Los accidentes, desastres y catástrofes
se presentan con mayor frecuencia cada día, producto del crecimiento
desproporcionado de las ciudades y la falta de una planificación urbana
adecuada y acorde con las necesidades actuales. En este sentido cada día se
hace mas común la aparición de peligros conocidos como “Natech” (natural
tecnological disaster) que son desastres tecnológicos desencadenados por
desastres naturales por ejemplo.
A partir de este crecimiento
demográfico, comercial, industrial y la incorporación de importantes obras de
infraestructura públicas, ha significado una serie de esfuerzos orientados a
mejorar la respuesta de los servicios de emergencia de nuestro país. Sin
embargo, este esfuerzo de grandes proporciones sólo se ha generado a partir de
las instituciones que realizan la labor de salvar vidas y bienes, dejando un
importante vació en muchas áreas del apoyo al servicio, y la salud mental de
los equipo de primera respuesta es una situación compleja que no se ha tratado
con la importancia adecuada.
Cuando ocurre un evento con
características de desastre, se menciona con frecuencia la cantidad de
víctimas, las causas del evento, las infraestructura perdida y el impacto
psicológico de las víctimas y las personas expuestas a este desastre, pero que
pasa con los encargados de dar respuesta y ayuda a estas personas?. Se
transforman en otro tipo de víctima, de carácter silenciosa y que muchas veces
no reconocen que también son vulnerables, ejerciendo un impacto de
repercusiones importantes sobre la salud física y mental de los integrantes de
los equipos de respuesta.
Lifton (1967) fue uno de los primeros
investigadores que trato sobre el deterioro psicológico de los equipos de
rescate; en 1984 la Federal Emergency Management Agency (FEMA), conjuntamente
con el Nacional Institute of Mental Health (NIMH) de los EU, empezaron a
preocuparse por el impacto psicosocial de los desastres en los equipo de
respuesta (bomberos, policías, paramédicos, etc.); dicho impacto incluye
términos como Incidente Crítico en Stress, y Síndrome de Stress Post
Traumático, de este modo los integrantes de los equipos de respuesta son las
víctimas ocultas del desastre.
El stress puede ser definido como la
respuesta fisiológica, psicológica y de comportamiento de un sujeto que busca
adaptarse y reajustarse a presiones tanto internas como externas, el stress no
es una enfermedad pero si puede causar en el ser humano desde ligeros
desordenes psicosomáticos hasta la misma muerte.
El estado de alarma es el primero y el
más importante, se presenta cuando suena la llamada selectiva de la central de
alarma, en este momento se activa el sistema del stress en todo nuestro
organismo, es un estado de movilización generalizado de todas nuestras reservas
de energía. Uno de los primeros cambios es el incremento en la secreción de la
hormona adenocorticotrofina (ACTH) por parte de la glándula pituitaria que se
encuentra en la base del cerebro, la cual actúa sobre las glándulas
suprarenales, motivando la segregación de la Adrenalina, responsable del estado
de máxima alerta de todo nuestro organismo, provocando la liberación de las
reservas de glucosa, ácidos grasos libres, hidrocordicoides, esteroides, etc.
Como consecuencia de este estado de alarma, aumenta la frecuencia cardiaca y la
tensión arterial, la frecuencia respiratoria, la tensión muscular, la
transpiración, la liberación de factores coagulantes de la sangre, la
redistribución de la sangre a favor del cerebro y de los músculos y por
consiguientes la disminución del ritmo digestivo.
Cuando el stress no es efímero como el
trabajo en desastres o en emergencias que demandan la permanencia en el lugar
de las operaciones por varias horas o días, tienden a aparecer en el organismo
los CORTICOIDES que van a favorecer el aumento de los azúcares en la sangre, el
colesterol, la presión arterial, se debilitan las defensas inmunitarias, se
favorece la osteoporosis, la atrofia muscular y la retención del agua y el
sodio en el riñón.
Existe un limitado volumen de energía
adaptativa disponible y concentrarla en una sola demanda aumenta en forma
creciente nuestra vulnerabilidad a otras demandas, en especial si se tiene en
cuenta que el STRESS ES DE CARÁCTER ACUMULATIVO, es decir que si no se hace
nada para eliminarlo los residuos bioquímicos y la tensión emocional que causan
ciertos eventos, estos van a mermar nuestra capacidad de respuesta ante otros
eventos o demandas.
El estado final es el agotamiento, el
stress prolongado va dejando cicatrices bioquímicas indelebles que nos
predisponen a las enfermedades, a las infecciones, el envejecimiento y la
muerte. En el contexto operativo estamos hablando de la disminución
significativa del desempeño y por ende de la eficiencia y eficacia, haciéndonos
proclives a cometer errores que en los integrantes de los equipos de respuesta
pueden llegar a ser fatales.
La modalidad de trabajo de los Cuerpos
de Bomberos, se caracteriza por sus intervenciones en eventos traumáticos, al
respecto la Asociación Psiquiátrica Americana (1987) define a un evento
traumático a cualquier circunstancia psicológicamente estresante que está fuera
de las experiencias humanas normales. Estos eventos traumáticos incluyen a los
incidentes críticos en stress, los cuales pueden tener consecuencias serias
desde el punto de vista de la salud mental si no son tratados oportuna y
adecuadamente.
Davis Michael (1996) define al Incidente
Crítico como la situación que experimentan los trabajadores de emergencias que
enfrentan un trauma repentino y específico como puede se la falla en la misión,
la presencia de excesivo sufrimiento humano, situaciones amenazantes para la
integridad física de los equipos de respuesta, la perdida de compañeros de
equipo, o presenciar su accidente o heridas.
El National Institute of Mental Health
(1985) describe las diversas manifestaciones psicofisiológicas que experimentan
los integrantes de los equipos de respuesta en situaciones de desastre,
haciendo mención a tres fases:
En primer lugar se hace mención a una Fase
de alarma, que comprende desde la alarma inicial, el período de adaptación
psicológica, y la información sobre lo acontecido. Pueden presentarse
manifestaciones en el área física, cognitiva, emocional y conductual.
Físicas:
·
Incremento en la respiración.
·
Náuseas.
·
Sudor frío, piel húmeda.
·
Oídos tapados.
·
Dolor de Cabeza.
·
Estrechamiento del campo visual.
·
Dolor muscular.
·
Fatiga.
Cognitiva:
·
Problemas de Memoria.
·
Desorientación.
·
Dificultad para el Cálculo.
·
Dificultad para la concentración.
·
Pérdida de objetividad.
·
Lentitud o dificultad en la comprensión.
·
Pérdida de las habilidades para
conceptualizar o priorizar tareas.
Emocional:
·
Gran sentimiento de heroísmo e
invulnerabilidad.
·
Ansiedad, temor.
·
Euforia.
·
Fuerte identificación con las víctimas.
·
Sentimiento de Culpa.
·
Irritabilidad, hiperactividad.
·
Tristeza, melancolía, depresión, mal
humor.
·
Apatía.
·
Excesiva inquietud sobre la seguridad de
otros.
Conductual:
·
Inhabilidad para expresar sentimientos
verbales.
·
Hiperactividad sin un propósito
específico.
·
Decreciente eficiencia y eficacia en las
actividades.
·
Estallidos de cólera.
·
Incremento en el uso del alcohol, tabaco
y otras drogas.
·
Retraimiento Social.
La tercera Fase es la de
Término, y comprende la desmovilización en la cual los trabajos de urgencia
ya han sido realizados, la calma retorna paulatinamente y los equipos de
respuesta empiezan a ser relevados. En esta fase se puede observar las
siguientes manifestaciones:
Cada trabajo realizado en las
emergencias, sea de corta o larga duración conlleva un impacto emocional y
producen situaciones conocidas como stress agudo o post-traumático. Estos
conceptos incluyen lo que anteriormente se conocía como “reacción de crisis
aguda”, “fatiga de combate”, “Shock psíquico”, entre otros; estas alteraciones
provocan malestar clínico, significativo o deterioro social laboral.
Entre los factores que afectan los
equipos de respuesta, se encuentran los de carácter individual, interpersonales
como las responsabilidades laborales en el caso de los Bomberos Voluntarios,
que generan situaciones de conflicto, por querer participar en las labores de
emergencia y las limitaciones de sus trabajos, por otro lado la presión por
parte de la familia para que se cumpla con las responsabilidades familiares en
especial si se tienen hijos pequeños, recién nacidos o familiares enfermos.
Factores comunitarios como la presencia de personas conocidas o familiares
entre las víctimas. Factores propios del desastre. Todos estos contribuyen a
aumentar la presión emocional sobre los equipo de respuesta.
Ahora, que se esta haciendo y que
estamos haciendo para minimizar el daño en la salud mental de los voluntarios
que acuden a las emergencias?. Se hace difícil si no contamos con los
instrumentos y recursos necesarios para enfrentar el problema. Sin un apoyo
gubernamental necesario (de carácter legal) que proteja adecuadamente la salud
física y mental de los voluntarios de Bomberos, seguiremos sufriendo los
efectos emocionales de la intervención de diferentes emergencias.
Sólo nos queda prepararnos e instruirnos
adecuadamente para prevenir y mitigar en la medida de lo posible estos
factores, salvaguardando el recurso más valioso que puede tener una institución
y toda sociedad: los hombres y mujeres que constituyen el elemento básico para
que la organización pueda lograr sus objetivos. La eminente dignidad de la
persona humana nunca debe perderse en el proceso de alcanzar los objetivos de
una Institución. Sólo mediante una cuidadosa atención a las necesidades humanas
puede crecer y prosperar cualquier organización.
Los equipos de primera respuesta, son
víctimas ocultas en las emergencias y desastres, y pueden manifestar una serie
de reacciones físicas, emocionales, cognitivas, conductuales y de cambio de
vida ante el estrés que estos eventos les causan.
El tipo de trabajo que realizan y que
les exige tiempo, riesgo y exposición a
situaciones impactantes, los afecta de una u otra forma en su salud
bio-psico-social.
El presente trabajo muestra la
afectación en la salud bio-psico-social de las víctimas ocultas de los
incidentes impactantes como el de Mesa Redonda. La muestra, objeto de nuestro
estudio, estuvo integrada por profesionales y personal de salud que han sido
capacitados para intervenir en actividades de emergencias y desastres, y que
intervinieron en el incendio de Mesa Redonda ocurrido el 29 de Diciembre del
año 2000, como equipo de primera respuesta.
A pesar de su entrenamiento y su
experiencia en emergencia y desastres, los resultados nos indican que la
mayoría fue afectada en su salud mental y física, y de una u otra forma, en su
vida por el incidente de Mesa Redonda y otros eventos similares, y que el 73%
piensa que ha superado el estrés causado por este incidente, compartiendo sus
vivencias con familiares, compañeros y otros, con ayuda profesional, con el
apoyo de la religión, deportes, actividades recreativas o por fuerza de
voluntad. Situación que nos confirma la importancia de contar con redes de apoyo
emocional y técnicas de manejo del estrés. Sin embargo, el 27% de ellos dice
que no lo ha superado o no precisa, situación que nos hace pensar que estas
personas estarían presentando reacciones de estrés postraumático que estaría
afectando su desenvolvimiento laboral, social y/o familiar y que requerirían de
ayuda profesional especializada. Más aún, esto lo encontramos en las personas
que han participado en diversos eventos similares, lo que nos daría el dato de
que el hecho de participar en más emergencias y desastres los hace más
vulnerables.
El grupo fue afectado por sensaciones
físicas, emocionales, cognitivas. comportamentales y en la sensación de haber
cambiado su vida, a raíz de su intervención en el evento adverso descrito.
El 62% del grupo presentó sensaciones
físicas como: asco, náuseas al ver u oler carne u olores fuertes, trastornos
digestivos, falta de apetito, alteraciones en el sueño y migraña. La mayoría
(55%) de los afectados, las presentó de inmediato luego de su intervención en
el incendio. Un 19% menciona que aún le afecta.
El 85% del grupo evaluado reporta haber
sido afectado emocionalmente con sensaciones como tristeza, llanto, temores a
peligros, a la soledad, más sentimentales, más susceptibles, irritables,
intranquilos, sentimientos de inutilidad. De los afectados, la mayoría (68%)
presentaron estas sensaciones de inmediato y a un porcentaje importante (27%),
todavía les afecta. Los resultados nos estarían indicando mayor afectación en
esta área y que requiere de atención inmediata.
El 73% del grupo evaluado reporta haber
sido afectado en su Cognición con imágenes, pesadillas, ideas de peligro,
recuerdo de olores, meditar acerca del sentido de la vida, dudar de la
existencia de Dios e ideas de inutilidad. De los afectados, un 42% presentaron
estas sensaciones de inmediato y a un porcentaje importante de ellos (32%),
todavía les afecta. Los resultados nos indican que esta área está afectada, en
la actualidad y que requiere de intervención inmediata.
Un 58% de la muestra reporta haber sido
afectado en su comportamiento, por lo que evitan lugares congestionados, se
preocupan y temen por su familia, tienen menor participación social, más apego
a la familia,
están más conflictivos e irritables con su familia y aumentó el consumo de
tabaco. La mayoría de los afectados (46%), menciona que aún les afecta,
situación que llama la atención y que debe de ser tomado en cuenta.
El 54% de los integrantes indican que su
vida cambió luego del incendio, manifestando que se han vuelto más hogareños,
con más apego a su familia, valorizan la vida, se han vuelto precavidos y
protector con su familia, están bloqueados, grabados en el accidente, más
solidarios, temen al fuego o a accidentes, son más vulnerables, ha cambiado su
carácter. Un elevado porcentaje de los afectados (79%), señala que su vida aún
está cambiando, aspecto que señala la necesidad de una intervención urgente en
esta área.
En cuanto a la variable sexo de la
muestra estudiada, se pude observar que las mujeres del equipo de primera
respuesta fueron más afectadas que los hombres en los niveles: Emocional 89%,
Cognitivo 78%, Comportamiento 78% y Físico 67%, luego de participar en el
incidente de Mesa Redonda, pero lo superan más rápido. Los hombres afectados,
indican que lo fueron en mayor medida en el nivel Cambio de vida con 59%, esto
es, aún ahora perciben que su vida está cambiando, luego de su participación en
el evento mencionado. En general, los hombres son menos afectados pero no
logran una rápida recuperación.
Los resultados anteriores nos estarían
confirmando la hipótesis de
que el equipo fue afectado de una u otra forma en los niveles físico,
emocional, cognitivo, comportamental y de cambio de vida, en forma inmediata y
que un porcentaje importante todavía está afectado en la actualidad. Esto, a
pesar de ser equipos de personas seleccionadas y capacitadas para estas
labores. Es por ello prioritario, capacitar al personal de primera respuesta en
técnicas y procedimientos psicológicos para prevenir y manejar las reacciones
de estrés, ser asistido y orientado por psicólogos especialistas en emergencias
y desastres, para realizar así su labor en forma más segura y eficiente, y no
afectar su salud bio-psico-social.
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